Abraza la incertidumbre

Cuando se empieza cualquier proyecto es imposible conocer el resultado final. A veces, la mayoría de las veces, ni siquiera sabemos cómo queremos que se vea eso que tiene que hacerse. Incluso si sabemos como debería verse, la probabilidad de llegar a eso, de manera perfecta, es virtualmente imposible.

Por eso, hay que recibir a la incertidumbre como parte de nuestras vidas. Obvio genera estrés. También genera conflicto.

Pero, por otro lado, genera colaboración y compañerismo. Genera mayores sentimientos de logro y realización. Y lo más importante, genera resultados que ni siquiera nos imaginábamos. Con suerte y esfuerzo, exponencialmente mejores de lo que imaginábamos.

La ferocidad y la resignación.

“Ya qué nos queda…” Y en ese momento de alza de hombros y voltea a ver a todos en la sala de juntas.

Es la frase que describe perfectamente el resultado que se obtendrá de lo que sea que tenga que hacer en ese momento.

Cada reto que se nos presenta es una oportunidad de extraer una gran cantidad de cosas: emoción, crecimiento, aprendizaje, capital político, favores. Es el hábito de verlos así lo que los convierte en una veta de oro.

Y ese hábito se construye, como bien lo ha descrito Steven Kotler en su mini libro el hábito de la ferocidad.

Seamos feroces. Al final del día seremos mejores y todos a nuestro alrededor deberían estar agradecidos por vivir con alguien feroz.

La solución perfecta

Vamos. Por supuesto que no existe. Hay soluciones buenas y malas. Algunas tienen resultados positivos que duran mucho tiempo y otras de largo plazo. Pero ninguna puede llegar a ser la solución perfecta y definitiva.

Primero, tenemos que tomar decisiones con información incompleta. Es imposible contar con absoluto conocimiento, por lo que la solución siempre tendrá algo de Hail Mary.

Segundo, siempre tenía sesgos y preconcepciones de prácticamente todo en esta vida, aunque no tengamos idea de que estamos hablando. Esos sesgos nos llevan lejos de Jan decisión objetiva.

Tercero, el mundo cambia con cada segundo que pasa. Y la solución que se diseñó, es muy probable que nazca obsoleta o que tenga una vigencia bastante corta.

Pero ojo, no es para tirarnos al pesimismo. Es para dejar claro cuál es el factor determinante de supervivencia en las empresas (y las personas): una audaz afinidad por explorar retos autoimpuestos y permanentes. Y la agilidad para rediseñar y operar iterativamente ad infinitum.

Las señales

Ahí están. Son a veces sutiles. La mayor parte del tiempo son obvias. Si estuvieras buscándolas las encontrarías en segundos. Pero ese es justamente el problema: o no estás buscándolas, o de plano no quieres encontrarlas.

Un cerebro reentrenado positivamente, posee una habilidad más desarrollada para identificar información que normalmente no vería otra persona. Información que no necesariamente apoya las preconcepciones que tenía, pero que, está íntimamente ligada a cualquiera que sea el tema en la mesa.

Cuando un cerebro está funcionando en modo estrés, negatividad, desesperanza aprendida, deja de ver nueva información y solamente reconfirma sus creencias y puntos de vista propios.

Así se llega a conclusiones erróneas. Así se genera lealtad a productos, servicios y personas que no necesariamente son los mejores. Así dejamos de tomar buenas decisiones con nuestros recursos. Así la gente confía en expertos que saben nada de su negocio. Así se embarca uno en proyectos destinados al fracaso. Y así también se forman dictaduras.

Llame… ¡ya!

Si estás en el negocio de la consultoría, deberías esperar que tu cliente estuviera llamándote mucho.

Debería sentir la confianza para platicarte lo que le apasiona, lo que está sucediendo en el día a día y también lo que le quita el sueño. Y eso nunca va a pasar si no siente que eres parte de su empresa.

Para que el cliente sienta que eres de casa tienes que de verdad serlo, no hay medias tintas: o te enamoras de su negocio, lo entiendes, lo vives en carne propia, lo sueñas creciendo; o el compromiso a medias y el interés económico va a terminar por llevarlos a una relación de cuenta chiles, intercambiando minutos por centavos.

Si tu cliente te llama temprano por la mañana y te dice “Se me ocurrió ésto anoche, ¿cómo ves?”, sonrie y vuélcate en el tema.

El viaje del héroe

Salir de la comarca en el señor de los anillos. Llegar a Arrakis en Dunas. Mudarse a San Francisco en Intensamente.

Todo empieza con un cambio en el status quo. El héroe es sacado, o se sale, de su estado de confort. Y ese evento dispara una serie de situaciones que hacen que el héroe se ponga en camino de su destino.

Al principio ese evento catalizador se puede ver como un infierno, como un problema que nadie quisiera vivir. Más tarde ese evento se convierte en el afortunado punto de inflexión en el que todo empezó.

¿Tú ya empezaste ese viaje en el cual podrás conevrtirte en héroe? ¿Ya estás en camino? Si es así, felicidades.

Si tu camino aún no inicia, ve pensando en cómo te encuentras uno de esos eventos que cambian la vida. Un dato: en las películas es muy obvio. En la vida real podría ser tan sutil como poner la alarma del despertador 1 hora antes.

Tu gente hace o destruye tu empresa

Tres meses de prueba. ¿Alguna vez has hecho las matemáticas de cuánto te cuestan esos meses de prueba?

Cuando estás en proceso de reclutamiento, es obvio que estás buscando gente porque hay algo que necesita hacerse en la empresa. Las prisas por cubrir el puesto no consideran los dolores de cabeza que traerá integrar a alguien que no tiene la actitud o la alineación con la cultura.

Tendemos a pensar que las personas entienden lo que se necesita y que están dispuestas a dejar el pellejo solamente porque están buscando trabajo…

Tómate tu tiempo para intentar descifrar a quienes se acercaron a ti buscando hacer una vida. Descubre sus sueños. Que te platiquen sus metas. Conoce quiénes son antes de abrirles la puerta de tu casa y presentarles a tu familia.

Un buen proceso de reclutamiento te ahorrará miles de pesos, errores, quedar mal con clientes. Y es la clave para el desempeño extraordinario, las sorpresas felices, el apoyo en tiempos complicados…o sea, todos los días.